Se medica el estrés generado por nuestros ritmos laborales, el insomnio vinculado a la incertidumbre económica, la hipertensión asociada a una vida acelerada y competitiva, el colesterol fruto de hábitos alimentarios moldeados por una industria que prioriza la rentabilidad y utilidad del tiempo sobre la salud, y un larguísimo etcétera. Primero se vende un problema (una vida desajustada, acelerada, fragmentada: ni funcional ni adaptativa) y después se comercializa la solución farmacológica.