En Reino Unido, Amanda Wixon fue condenada por esclavitud moderna tras privar de libertad a una mujer y obligarla a realizar trabajos pesados por más de 20 años. Wixon asumió la responsabilidad por la víctima, con dificultades de aprendizaje, en 1996 debido a los lazos familiares. La víctima, que ahora tiene 40 años, solo recibía un plato de sobras al día. Wixon la golpeaba y le prohibió asearse, pero sí debía bañar a los niños, privándola también de salud, atención dental y se quedaba el dinero que le daban como ayudas para la víctima.