El triple feminicidio de Miranda de Ebro (Burgos) ha reabierto varios debates. Por un lado, el de la reincidencia de agresores con antecedentes graves. Por otro, el de los mecanismos de protección para las mujeres y, ya aterrizando en el marco de Castilla y León, el de las responsabilidades políticas y sociales, sobre todo de quienes han normalizado el discurso negacionista sobre las violencias machistas.
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etiquetas: violencia machista , castilla y león , alfonso fernández mañueco
Dejar hablar al cuñado y darle aire a los discursos pollaherida nos está saliendo caro.
Del envio de anteayer:
"la Policía Judicial ya trabaja en todas las pesquisas necesarias para "dilucidar de qué manera y con qué motivaciones"
Asi que sospecho que lo que se menciona como negacionismo es solo sentido comun, como pasa con todo lo relativo a viogen con el marco absurdo desde el que se trabaja.
www.elmundo.es/espana/2026/03/11/69b1c048fdddff0d0f8b45ae.html
J.M.G. no soportaba que Dolores hubiera decidido romper una relación que no estaba bajo el radar del sistema policial Viogen. El agresor tomó la decisión de provocar el incendio porque la víctima le había rechazado en varias ocasiones, según revelan a EL MUNDO fuentes de la investigación. La insistencia del hombre era tal que, indican las mismas fuentes, acceder a la víctima se había convertido en «una obsesión». La situación de acoso por su parte y de rechazo por parte de la mujer era una constante.
Por cierto, el supuesto negacionismo es cambiar la viogen por una ley de violencia intraframiliar que no discrimina por genero, que el relatito de la viogen ya hace aguas por todos lados:
Juan García-Gallardo, candidato de Vox que sería nombrado vicepresidente de la Junta, celebró el acuerdo afirmando que iban a "tratar a las víctimas por igual, sean hombres
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TE CAGAS.
Cri... Cri... Cri...
J.M.G. no soportaba que Dolores hubiera decidido romper una relación que no estaba bajo el radar del sistema policial Viogen. El agresor tomó la decisión de provocar el incendio porque la víctima le había rechazado en varias ocasiones, según revelan a EL MUNDO fuentes de la investigación. La insistencia del hombre era tal que, indican las mismas fuentes, acceder a la víctima se había convertido en «una obsesión». La situación de acoso por su parte y de rechazo por parte de la mujer era una constante.