El protagonista sobre cuatro ruedas era un Volvo PV544, un robusto utilitario sueco fabricado desde 1958. El otro protagonista de la historia era el HSwMS Bävern, un submarino de la Armada sueca perteneciente a la clase Hajen III y botado también en 1958. Dos vehículos antagónicos, por su función y tamaño, pero unidos por la mala suerte (o el destino) de cruzarse en una situación surrealista.