"El otro día, presencié un diálogo interesante entre uno de esos artistas a los que la gente identifica como solidarios y comprometidos y una mujer que le increpó con cierta sorna agresiva(...): “Oye, tú; si tanto te gustan los inmigrantes, ¿por qué no te los llevas a tu casa?” Lo que me sorprendió fue la respuesta: “Pues señora, hagamos un trato, yo me llevo a un inmigrante a la mía y usted se lleva a la suya a un maltratador de mujeres y lo casa con su hija. De esa manera, los dos cumplimos con lo que votamos”."