Se observó no solo una caída en las puntuaciones, sino también una marcada correlación entre las puntuaciones y el tiempo dedicado a las computadoras en la escuela, de modo que un mayor tiempo frente a la pantalla se relacionaba con peores puntuaciones. Se culpa al acceso ilimitado de los estudiantes a la tecnología, que atrofiaba en lugar de fortalecer sus capacidades de aprendizaje. La Generación Z tendrá que afrontar ahora las consecuencias de la erosión de sus capacidades de aprendizaje.