Quienes hemos tratado –poco o mucho– con situaciones donde un profesional se vende a un postor sabemos que hay conceptos que pueden estar esperando a Vito, como el de muñeco de trapo o cabeza de turco. Estos suprapoderes acostumbran a exprimir todo el potencial destructivo para acabar arrojando a la basura a la marioneta de turno cuando ya no sirve. Y esa historia está empezando a suceder.
Además, Vito no actúa desde una posición independiente. No es un comunicador incómodo, sino un siervo. Las persecuciones siempre tienen una dirección...