La belleza de la palabra
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Lo que no es del todo real....

Las grandes obras que solo son planes,

pero no se llegan a crear;

las palabras sabias que solo se intuyen,

pero no se llegaran a expresar;

las rimas que no se cantan..

Las semillas sin fertilizar...

¿Quién sabe si este mundo a medio hacer no será

el mayor tesoro por descubrir?

Oscar Blumenthal

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Cuando el dulce silencio (Shakespeare)

Cuando el dulce silencio al pensamiento

me trae los recuerdos del ayer,

y al ver lo que he perdido me atormento,

y en mi antiguo dolor vuelvo a caer,

mis ojos, que ya el llanto han olvidado,

baño por los amigos que amé un día,

y lloro nuevamente lo llorado

cuando me los quitó la muerte impía.

Y entonces, al gemir lo ya gemido,

de dolor en dolor, dejo saldada

la triste cuenta del dolor sufrido,

cual si no la dejara antes pagada.

Pero al pensar en ti, prenda querida,

todo lo hallo y mi pena se me olvida.

Traducción de Federico Maristany.

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Coplilla de la mano franca

Ante el vicio de pedir,

está la virtud de no dar.

Más no pido ni comparto,

cojo de tanto en tanto.

-

Los talegos en escena

que más da si los cogiera.

Y si alguien se coscara,

me queda el juez Marchena.

-

Perdóname la retranca,

el sobre ya en la urna,

valida mi mano franca,

con alegria taciturna.

-

Soy el que te representa

acepta pues que me plazca

que mi erario renazca

solo con eso me renta.

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Era más de media noche...

 Era más de media noche,

antiguas historias cuentan,

cuando en sueño y en silencio

lóbrego, envuelta la tierra,

los vivos muertos parecen,

los muertos la tumba dejan.

Era la hora en que acaso

temerosas voces suenan

informes, en que se escuchan

tácitas pisadas huecas,

y pavorosas fantasmas

entre las densas tinieblas

vagan, y aúllan los perros

amedrentados al verlas;

en que tal vez la campana

de alguna arruinada iglesia

da misteriosos sonidos

de maldición y anatema,

que los sábados convoca

a las brujas a su fiesta.

El cielo estaba sombrío,

no vislumbraba una estrella,

silbaba lúgubre el viento,

y allá en el aire, cual negras

fantasmas, se dibujaban

las torres de las iglesias,

y del gótico castillo

las altísimas almenas,

donde canta o reza acaso

temeroso el centinela.

Todo en fin a media noche

reposaba, y tumba era

de sus dormidos vivientes

la antigua ciudad que riega

el Tormes, fecundo río

nombrado de los poetas,

la famosa Salamanca,

insigne en armas y letras,

patria de ilustres varones,

noble archivo de las ciencias.

    Súbito rumor de espadas

cruje y un «¡ay!» se escuchó;

un «¡ay!» moribundo, un «¡ay!»

que penetra el corazón,

que hasta los tuétanos hiela

y da al que lo oyó temblor.

Un «¡ay!» de alguno que al mundo

pronuncia el último adiós.

                  El ruido

             cesó,

             un hombre

             pasó

             embozado,

             y el sombrero

             recatado

             a los ojos

             se caló.

             Se desliza

             y atraviesa

             junto al muro

             de una iglesia,

             y en la sombra

             se perdió.

El estudiante de Salamanca. José de Espronceda (fragmento)

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Por las noches

Cuando todos duermen, a menudo me siento solo,

y presto con gusto mi oído a la noche.

Entonces, la sabiduría fluye hacia mí,

y me dice lo que no puedo oír cuando todos están despiertos.

Es como si las cosas me mostraran solo su gris superficie diaria,

de noche, cuando las muchas miradas crudas

ya no se posan en ellas, su esencia me habla.

Cuando el extraño placer y el dolor se funden en uno,

oscuramente murmura la gran canción del universo,

ymi corazón se hunde con su salvaje codicia.

Solo mi alma impasible escucha.

Oigo girar las ruedas secretas:

las que oboligan a que todo gire mientras ellas giran.

Emmanuel Von Bodmann.

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