La belleza de la palabra
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No te creo

No te creo

en tu disfraz de almanaque,

de reloj sin segundero, 

de flautista que pasea

una legión de ratones

por la bodega vacía

de un helado petrolero.

Tus palabras son astucias,

imposturas

de termitas que se dicen 

la carcoma de los mares,

sacerdotisas vestales

intactas pero lascivas

que predican la pureza

a la vez que se nos muestran

desnudas en los altares.

No me creo tus mentiras,

me dan pena tus verdades.

Feindesland 2002

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Pablo Neruda dedica una poesía a Tina Modotti

Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes:

tal vez tu corazón oye crecer la rosa

de ayer, la última rosa de ayer, la nueva rosa.

Descansa dulcemente, hermana.

La nueva rosa es tuya, la tierra es tuya:

te has puesto un nuevo traje de semilla profunda

y tu suave silencio se llena de raíces.

No dormirás en vano, hermana.

Puro es tu dulce nombre, pura es tu frágil vida:

De abeja, sombra, fuego, nieve, silencio, espuma:

De acero, línea, polen, se construyó tu férrea,

tu delgada estructura.

El chacal a la alhaja de tu cuerpo dormido

aún asoma la pluma y el alma ensangrentada

como si tú pudieras, hermana, levantarte,

sonriendo sobre el lodo.

A mi patria te llevo para que no te toquen,

a mi patria de nieve para que a tu pureza

no llegue al asesino, ni el chacal, ni el vendido:

allí estarás tranquila.

¿Oyes un paso, un paso lleno de pasos, algo

grande desde la estepa, desde el Don, desde el frío?

¿Oyes un paso de soldado firme en la nieve?

Hermana, son tus pasos.

Ya pasarán un día por tu pequeña tumba,

antes de que las rosas de ayer se desbaraten,

Ya pasarán a ver los de un día, mañana,

donde está ardiendo tu silencio.

Un mundo marcha al sitio donde tú ibas, hermana,

avanza cada día los cantos de tu boca

en la boca del pueblo glorioso que tú amabas.

Tu corazón era valiente.

En las viejas cocinas de tu patria, en las rutas

polvorientas, algo se dice y pasa,

algo vuelve a la llama de tu dorado pueblo,

algo despierta y canta.

Son los tuyos, hermana: los que hoy te dicen tu nombre,

los que de todas partes, del agua, de la tierra,

con tu nombre otros nombres callamos y decimos,

porque el Fuego no muere.

Tina Modotti: una vida entre la imagen y la revolución

menéame