El viejo reflejo de la izquierda (más Estado, más redistribución) vuelve con la dignidad de lo necesario pero con la insuficiencia de lo repetido. La redistribución no puede seguir siendo la radicalidad, el horizonte o el fin del programa. Hay que ir más allá.
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Opino lo mismo.
Creo que se puede decir lo mismo con menos palabras, muchísimas menos. Con todo y con eso, no sé muy bien si lo he entendido todo.
Creo que se refiere a que no solamente hay que buscar la redistribución de lo material, sino también la distribución de la vida, es decir, del tiempo. Un buen tiempo, una buena vida.
Digo yo, que será que hay que conseguir trabajar menos horas y que las horas en las que no se trabaja se pueda vivir una vida plena, enriquecedora espiritualmente.
Pero seguramente me equivoco. Porque con lo largo que es el texto y lo retorcido que es el lenguaje, fácil que me haya perdido. Tampoco soy el lápiz más afilado del estuche.