En Hangzhou, al sureste de China, cuatro policías de tráfico robóticos ya patrullan las calles. No duermen, no se cansan y no muestran de momento error alguno. Equipados con chips de inteligencia artificial de última generación, cámaras múltiples y radares láser, operan las 24 horas recopilando datos, analizando flujos de vehículos y dirigiendo el tráfico según lo que dictan los algoritmos. El experimento no es aislado. En Wuhu, en la provincia oriental de Anhui, otro agente robótico ya se ha incorporado al control de tráfico de primera línea.