Pasa con la DANA, pero también con el Prestige, el Yak-42 o el accidente de Metro de Valencia. En todos estos casos, el cálculo político se puso siempre en la cúspide de la pirámide, siendo quizás el caso más extremo el de los atentados del 11 de marzo de 2004, cuando el Gobierno de José María Aznar, del Partido Popular, protagonizó el gran engaño con la vista puesta en las elecciones que se celebraron tres días después.
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