EL último cumpleaños

Los Zhao llegaron un domingo por la tarde, hora WKTZ.

Como sirvientes biomecánicos de los misteriosos Fawn, declararon que el sistema solar, incluidos todos sus planetas, lunas y cuerpos menores, ahora les pertenecía por derecho galáctico y que iban a proceder a desalojar a los humanos a la mayor brevedad posible, pero que aun podrían disfrutar de la estancia en el planeta mientras hubiera inocentes en el mundo.

Luego, definieron a los inocentes como cualquier infante de la especie homo electrosapiens menor de cinco años, así que todos pudieron respirar aliviados y los gobiernos de las tres zonas de influencia mundial acordaron el fin de la cuarta guerra mundial y la obligación de toda hembra de concebir al menos media docena de churumbeles para mantener una abundante cantidad de inocentes.

Como los Zhao no eran tontos, asintieron con suficiencia y procedieron a utilizar sus rayos de esterilización mundial, asegurándose de modular sus ondas en la frecuencia de los homo electrosapiens.

Cinco años después, Alékkutin, el último niño de cuatro años, procedió a soplar las cinco velas de su tarta intentando comprender por qué todo el mundo lloraba a moco tendido, pero sobre todo, por qué no había regalos.