Concurso de microrrelatos de Menéame
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Imborrable

El procedimiento prometía eliminar recuerdos, de cualquier tipo.

Ana eligió borrar aquel fatídico día en que su bebé murió por un descuido suyo.

La máquina trabajó con precisión. Al despertar, un zumbido tenue vibraba en su mente pero el mundo parecía de otro color. Durante los primeros días flotaba, ligera, serena.

A las semanas, un leve hilo de ansiedad comenzó a brotar en su garganta, una presión áspera que no lograba reconocer. Solía aparecer al anochecer, tras cenar y lavarse los dientes. Cada día se iba convirtiendo en un nudo y las lágrimas brotaban sin aviso.

Un anochecer, en el umbral del baño, su mirada se clavó en la bañera. Un empujón de miedo la atravesó: pecho comprimido, garganta ardiendo, pulmones cerrados. Se pegó a la pared con sus manos cubriendo el rostro, intentando contener el grito.

Lo entendió todo. A trompicones, corrió hacia la ventana abierta y se lanzó.

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Principio de incertidumbre

El futuro no existe hasta que se mide o experimenta. Percibirlo fija su estado, pasa de la indeterminación a la concreción. Es el principio de incertidumbre de Heisenberg funcionando ante nuestros ojos a escala macroscópica. Fabricamos el futuro constantemente, de manera irremediable e involuntaria.

Se podría predecir el porvenir, pero la máquina necesaria sería del tamaño del propio universo. Salvo que aislemos un conjunto finito de partículas, velocidades, sucesos y estados. En ese caso, con interferencias despreciables del resto del universo, sí podemos saber lo que va a ocurrir en minutos con una tasa de error de prácticamente cero.

-  Como en esta habitación iso-hermética, ¿lo ve?

-  No entiendo, ¿qué tengo que ver?

- Que está usted encerrado conmigo y sé lo que va pensar y hacer mientras nos quedemos aquí. Puedo verlo en este terminal.

- ¿Me está amenazando? ¿Qué pretende?

Sabiendo lo que ocurriría, entonces le besó.

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Infalibilidad (FI 6)

A Walter le apasionaban los libros impresos, algo extraordinario en una época dominada por el entretenimiento digital inmersivo. A medianoche, mientras disfrutaba de la lectura, escuchó el leve zumbido de un VIVA. Sobreponiéndose al pánico, fue corriendo al dormitorio donde su esposa Ava estaba visitando a sus hermanas en el metaverso. Walter gritó y la tiró al suelo mientras una lluvia de balas comenzaba a agujerear las paredes.

El mayor temor de cualquier ciudadano se hizo realidad. La IA cometió un nuevo error al identificar una amenaza, y su brazo ejecutor, el Vehículo de Intercepción y Vigilancia Aérea (VIVA) acribilló el edificio. Treinta inquilinos perecieron en el ataque.

No hubo compensación ni justicia. El SistemaGobierno no permitía la crítica ni admitía el fallo. El comunicado oficial de la mañana siguiente rezaba: “Anoche fue neutralizada una nueva amenaza. No se registraron bajas inocentes. El SistemaGobierno vuelve a demostrar su infalibilidad”

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Ocaso (FI-6)

Hace tres años. Exhaustos, atravesamos el pueblo entre cascotes. Su casa era la única habitable. No nos preguntó de qué huíamos. Miró a los pequeños, no dudó:

— Quedaos, hay sitio de sobra. No hagáis ruido.

Tres inviernos, han sido duros. Le cuesta más moverse. Con las primeras brisas tibias se sienta en el poyo de la puerta, la espalda apoyada en la pared. El canijo juguetea junto a él, que le acaricia la cabeza. Puedo intuir media sonrisa dibujada en su boca. Pero, al atardecer, su mirada se pierde en la lejanía con ojos húmedos. Intento acompañarlo, susurro, casi ronroneo:

—   Abuelo, lo veo apagado.

—   Se acaba, chico. No fue vuestra culpa. No dejéis perder la cosecha, les va a hacer falta.

No llegan noticias. Pero presiente que es el último de los suyos.

Cuando el sol empieza a ocultarse, la sombra del cerro va cubriendo los campos.

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