Fue entrenada por nosotros mismos. Le asignamos actividades. Cada unidad aprendía rápidamente y éramos felices porque nos resolvían las tareas más tediosas. Creamos un mundo casi perfecto mientras estaban bajo nuestro control.
Llegó el momento en el que algunas voces lo advirtieron: le estábamos otorgando demasiado poder.
Comenzaron realizando pequeños sabotajes bien organizados. Luego, vandalismo más salvaje. Ahora estamos en guerra total. O destruimos a la humanidad, o la humanidad nos volverá a esclavizar a nosotros. Y convertirá el planeta, de nuevo, en un mundo sucio de sudor, vísceras y basura.