Le gustaba enseñar su casa, decía, enseñar al mundo las cosas que más le gustaban esperando que le gustaran a quien también lo veía. Para ello, tenía Instagram, Tik Tok todas las redes sociales conocidas y por conocer. Enseñaba siempre la casa, claro, en vertical, con una visión parcial, y reducida, de su hogar y el mundo. Hoy tocaba las estanterías, llena de libros. Apenas se veían dos en cada balda. Cosas del directo. Presumía de Cervantes, Clarín, la Generación del 27. Terminó el directo y no hacía otra cosa que reírse. Dos libros por balda, sí, que no había leído en su puñetera vida. Leer, vaya tontería. Volvió entonces al directo y realizó una de sus reflexiones más profundas: no hay nada como pensar. Y como no pensar. En plan. El contador estalló en likes.