Hoy en el curro me ha pasado algo curioso. Mi jefa, me estaba echando una mano con un programa online. Estábamos los dos en mi pc, trasteando con mi navegado, con la mala fortuna que en ese momento tenía mi sesión personal abierta y mis marcadores abiertos en la barra superior. Uno de ellos era Menéame. Dudo que ella tenga idea de qué es el agregador del elefante naranja, y es muy probable que simplemente haya visto en alguna ojeada un acceso directo con el nombre "Menéame" en mi navegador. Por mi parte no hay problema en ello, dado que me siente valorado en el curro.
Pero después, al llegar a casa, y meterme a menear, he vuelto a ver el sempiterno peazo banner de las putas y alguna publicidad chorra más que siempre pulula por la portada, y eso me ha hecho pensar.
Imaginemos que a mi jefa le pica la curiosidad y en un momento random, de vuelta a casa, pone meneame en el buscador y se planta en esa misma portada sin más. Las sospechas ambiguas que de entrada genera el nombre de este sitio para los que no tienen ni idea de lo que es, se pueden ver alimentadas por un primer acceso rápido a la portada en la que aparece publicidad chorra y algo de "historia del sexo oral" o no se qué de putas... Imagino que pueda haber gente a la que todo esto no le resulte molesto, al contrario. Pero hay también mucha gente que puede haber llegado a mnm por casualidad (de entrada darle click a algo que se llama "menéame" ya requiere cierta, digamos fe) y al encontrarse con esta portada no se pare ni a leer titulares, y simplemente salga echando leches pensando "buff, más mierda".
Los que llevamos años aquí, no nos fijamos en estos detalles. Pero lo que me pasó hoy me ha hecho pensar (seguramente no soy el primero). Nos quejamos de que mnm no crece, que está estancado y tal. Pues no sé si nos estaremos metiendo un tiro en el pie con cierta publicidad en este aspecto.
(y ojo, esto no es una crítica al sacrosanto nombre de este sitio. Para nada)

El término "fachatroll" se ha popularizado en España para describir un tipo específico de usuario de redes sociales: aquellos que desde posiciones de extrema derecha emplean tácticas de trolling para polarizar, desinformar y hostilizar el debate público digital. Aunque el nombre es claramente partidista, el fenómeno que describe tiene características identificables que merecen análisis.
Estos usuarios suelen emplear estrategias reconocibles:
Desinformación coordinada. A menudo operan amplificando bulos o narrativas conspirativas sobre inmigración, feminismo, o políticas progresistas. La repetición masiva busca que la mentira parezca verdad por saturación.
Whataboutismo sistemático. Ante cualquier crítica a posiciones de derecha, desvían inmediatamente la conversación hacia supuestos problemas de la izquierda, evitando abordar el tema original.
Argumentos emocionales sobre racionales. Priorizan provocar indignación o miedo (especialmente sobre "amenazas" culturales o identitarias) por encima del debate fundamentado.
Vocabulario identitario. Uso recurrente de términos como "progre", "buenista", "feminazi", o "woke", que sirven más para descalificar que para argumentar.
Es importante contextualizar que el trolling político agresivo no es exclusivo de ninguna ideología. Existen también trolls de extrema izquierda, nacionalistas, o antipolíticos que emplean tácticas similares. Sin embargo, estudios recientes señalan que las redes de extrema derecha han sido particularmente efectivas en coordinar campañas de desinformación masiva, especialmente tras el éxito de estrategias similares en el Brexit o la elección de Trump.
La diferencia a menudo radica en la organización: muchos "fachatrolls" forman parte de ecosistemas coordinados que incluyen medios digitales, influencers, y grupos organizados que trabajan con narrativas compartidas y objetivos comunes.
Y por supuesto...la motivación es económica. Están financiados.
Su efectividad no viene de la calidad de sus argumentos, sino de su persistencia y capacidad para:
Responder o ignorar es el eterno dilema. Ignorarlos permite que controlen narrativas sin oposición. Responderles les da la atención que buscan y agota recursos. Quizás la clave está en no debatir con ellos directamente, sino en producir contenido de calidad que contrarreste sus narrativas para las audiencias que observan sin participar.
Más allá del término que usemos, el desafío real es cómo las democracias pueden preservar espacios de debate digital saludables frente a actores que no buscan dialogar sino dominar el espacio público mediante saturación, hostilidad y desinformación. Es un problema que requiere alfabetización digital, moderación efectiva de plataformas, y ciudadanos capaces de identificar estas tácticas cuando las encuentran.
Nota: Este artículo describe un fenómeno observable pero no pretende generalizar sobre todos los usuarios de derecha en internet. La mayoría de personas de cualquier ideología participan en debates de buena fe. El "trolling" tóxico es una minoría ruidosa, no una mayoría silenciosa
menéame