Tengo el privilegio, y digo privilegio porque es así, de haber nacido y de vivir en el barrio de la Barceloneta. Siempre bien comunicado, el mar al lado, el Hospital cerca. Después de toda la vida pasada aquí no puedo más que manifestar la tristeza, por no definirlo con otra palabra peor, de ver en lo que se ha convertido. Nido de ladrones, gamberros, peleas, molestias a los vecinos, suciedad... Hoy me he encontrado el sillín de mi moto rajado de punta a punta; llevo cuatro retrovisores cambiados porque, literalmente, me los han arrancado.