"Metí el dedo ahí y me lo corté" dice el Sr. Spievak señalando al propulsor de un avión de aeromodelismo; le cortó más de un centímetro, incluyendo uña, carne y hueso. Las fotos de su dedo amputado son bastante gráficas, por lo que no es de extrañar que los médicos le dijeran que lo daban por perdido. De escuchar esta historia no la creerías, pues el Sr. Spievak muestra hoy su dedo con todo el tejido, nervios, carne, uña, piel y hasta la huella dactilar recuperada. ¿Magia? No. Vejiga de cerdo. :-)