Mientras Rajoy mantiene a sus momias en el armario, en especial a Aznar y a Fraga, porque sabe que podrían arruinarle el futuro, Zapatero, nervioso porque sus espectativas de victoria abrumadora se esfuman, las ha llamado al escenario, a pesar de los riesgos que entraña en política desenterrar cadáveres. Los sufridos ciudadanos españoles están siendo obligados a contemplar la patética actuación de espectros con rancio olor a pasado como Felipe González y Alfonso Guerra, abotargados, cascarrabias y más parecidos que nunca a sus propias caricatur