Al finalizar el encuentro, ZP, vestido de luto riguroso, felicitó con un gesto de aprobación a su recluta. No se equivocó el presidente al elegir su indumentaria, porque en realidad iba al entierro de un mito. Tras más de cuarenta años sirviendo a las instituciones militares, Gabilondo -desde hace mucho tiempo parte del alto mando- dejó patente que, de un tiempo a esta parte, ahora más que nunca, no es más que un soldadito de plomo al servicio de ZP. No menees. Autodescartada en protesta a la censura ideológica de Menéame