A un atento observador foráneo, pongamos que turista europeo de visita por nuestra geografía interior, habrá de sorprenderle no sólo nuestro gran patrimonio histórico con monumentos y restos donde se funden tras de sí uno o más milenios; sino, en otro orden, pequeñas poblaciones cuyos propios nombres, en ocasiones, recuerdan aún a los militares de la rebelión del 36, incluida su posteridad labrada en piedra.