Me comentaba mi prima Fanny que su madre solía referirse a ella con una serie de diminutivos. Es decir, -ato por zapato, -ete por juguete, -ada por frazada, entre otros. A lo que Fanny desde muy chica aprendió a referirse a las cosas en general, con esta suerte de facilidad no sólo lingüística sino también reflexiva. Cuando tuvo que ir al nido (o sea, a la escuelita o también llamado ‘kinder’), los demás niños, primero la miraron extrañados y luego se burlaron mucho de ella.