Hasta los 29 años es una etapa de dependencia económica estructural, marcada por salarios bajos, precariedad y prolongación de los estudios. En este contexto, la capacidad de ahorro es prácticamente inexistente. Entre los 30 y 54 años es la etapa vital con mayores cargas: vivienda, crianza, transporte y presión fiscal. Pero el margen para ahorrar existe. El contraste llega a partir de los 55 años, con mayor capacidad de ahorro y consumo.