Alaska arde como no lo había hecho en al menos 3.000 años. No es una metáfora ni una exageración periodística: es la lectura que emerge al combinar registros satelitales recientes con archivos naturales mucho más antiguos, ocultos bajo los pies, en forma de turba y suelos orgánicos. El calentamiento no solo eleva la temperatura del aire. También altera la estructura del suelo. El permafrost, que mantiene el terreno congelado al menos dos años consecutivos, empieza a descongelarse. El resultado regiones frías cada vez más secas
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