El largometraje Planet One, la producción más cara de la historia del cine español, casi 37 millones de euros, es el mascarón de proa del sector de los dibujos animados españoles, que está viviendo un boom internacional. Los animadores españoles son conocidos desde hace décadas por su talento y creatividad, pero sólo desde hace unos años están consiguiendo acceder al público internacional, según The Hollywood Reporter, que ha bautizado el fenómeno como Spanimation.
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