Algunos de los hombres de la mezquita dijeron que el libro sería útil para afganos que no hablan árabe, y decidieron recolectar dinero para imprimirlo. El clérigo de la mezquita pidió a Ahmad Ghaws Zalmai, un viejo amigo, que imprimiese el libro. Pero cuando algunos de los 1.000 ejemplares llegaron a manos de clérigos conservadores en Kabul, comenzaron los susurros, y seguidamente las protestas. No existe una ley en Afganistán que prohiba la traducción del Corán. Pero Zalmai está acusado de violar la Sharia, la ley islámica...
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