España tiene tanta energía solar y eólica que ya no sabe dónde almacenarla. Irlanda, mientras tanto, necesita desesperadamente fuentes estables de electricidad verde. La solución: un ambicioso cable submarino que conectará ambos países a través del Atlántico. Este «puente eléctrico», que podría estar operativo en 2030, permitirá exportar el excedente renovable español y reforzará la seguridad energética europea. Un proyecto que transformará el mapa energético del continente.
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