El mercado es así de transparente: da y quita razones con la frialdad de las cifras. Las disqueras llevan llorando más de un lustro contra Internet (y los nuevos canales de distribución musical) y no se cansan de repetir que la ruina les acecha, pero resulta que los números hablan de un horizonte de beneficios mucho más alentador de lo que la patronal reconoce.
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