Aún no ha empezado la legislatura, pero parece que las relaciones del Gobierno con la Iglesia Católica van a ser de nuevo un asunto espinoso. Si antes de las elecciones los problemas eran la postura política de los obispos o su manifiesta oposición a los matrimonios homosexuales, ahora son los acuerdos suscritos con la Santa Sede hace 29 años los que podrían enturbiar el clima.
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