
Estoy leyendo estos días muchas comparativas entre lo que se puede comprar actualmente si te toca el Gordo de Navidad y lo que se podía comprar si te tocaba hace décadas. La mayoría de estas comparativas se basan en un artículo publicado en la web de Televisión Española y suelen comparar lo que ocurría en 1967 y actualmente.

Al hacer la comparativa actualizan a valor actual el importe del Gordo, con lo que los 7,5 millones de pesetas de 1967 equivaldrían a unos 1,3 millones de euros actuales (se multiplica por 27,8), que evidentemente es muy superior a los 400.000 euros actuales (328.000 euros si se descuentan los impuestos); pero se les olvida un detalle muy importante: el décimo en 1967 valía 1.000 pesetas que, realizando la misma conversión, equivaldrían ahora a unos 173 euros, cuando el precio del décimo actualmente es de 20 euros. Es decir, con el equivalente actual de comprar un único décimo, ahora te podrías comprar casi 9 décimos, con lo que el premio equivalente sería unos 2,8 millones de euros. Por no hablar de que el premio en 1967 suponía multiplicar por 7.500 la inversión, cuando ahora es por 20.000 (16.400 sin los impuestos).
Y hay otro dato que permite entender lo que suponía comprar un décimo en 1967, y es que entonces el salario mínimo era de 2.500 pesetas al mes, por lo que comprar un único décimo suponía el 40% de ese salario mínimo, cuando actualmente sólo supondría el 1,7% del salario mínimo.
Hay bastantes más artículos que hacen comparativas con la misma falacia: actualizan el valor de los premios, pero se les olvida el del coste del décimo. Otro ejemplo es este de ABC:

Habré escrito sobre esto como una docena de veces, la primera allá por el 2006, haciendo un recorrido por las veces que los actos en el mar han tenido importantes consecuencias, siempre negativas. Creo que no es el momento de aburruiros con el tema, pero no está de más recordar que los americanos llevan varias jugadas de ese tipo paras entras en guerras, empezando por la del Maine, que los ayudó a despojar a España de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
El tema central es que es imposible, pero materialmente imposible, mantener un Imperio sin el dominio del mar, y quien tiene su control determina el comercio y la circulación de los recursos. La globalización depende absolutamente del comercio marítimo, y hasta ahora se ha hecho un énfasis absoluto en la seguridad de los mares.
Cuando la superpotencia dominante decide romper las reglas en el mar, rompiendo la regla de oro de la seguridad en aguas internacionales, no se trata de un incidente cualquiera, sino de la posible ruptura del juego al completo, por las consecuencias en cascada que puede tener esta transgresión.
No se trata de que capturen un barco aquí o allá: se trata de que todos los barcos, absolutamente todos, pueden ver incrementadas sus pólizas de seguro, con lo que esto supone para el transporte marítimo, la circulación de recursos y el comercio mundial, basado en el "just in time", con bajo coste de almacenamiento y recursos distribuidos.
Acabe como acabe como acabe esta fase de la aventura trumpiana, basta con el temor a que el tema se descontrole para retraer las inversiones y encoger el volumen del comercio global. El dominio del mar es el verdadero poder del Imperio, y hasta ahora, los Estados Unidos no lo habán ejercido de manera coercitiva. Si esto cambia, absolutamente todo cambiará. Hay que recofger el tablero y desplegar otro.
No hablamos de cualquier cosa.
menéame