Pardiez, tamaño jarrón, emergido casi indemne de las lacustres profundidades del remoto Japón, comparece ante nuestros ojos como reliquia veneranda y mudo cronista de las edades pretéritas, dando fe, con su mera persistencia material, de la inexorable fluencia del tiempo y de esa ley no escrita según la cual nada se pierde del todo, sino que, tras largos siglos de ocultamiento y callada postración, acaba por ser exhumado del olvido y reincorporado al caudal de lo sabido.
O sea, sois más fascistas que demócratas.
Dentro del gobierno hay gente que defiende a Maduro, un tipo que ha robado descaradamente las elecciones.
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