#2 Segurísimo que en el medievo lo que más calentaba era acomodar las comisuras de los labios bajo los huevos del obispo, del señorito ó del rey, porque las elecciones eran en invierno, concretamente en el invierno de mil quinientos y pico años después.
Mis respetos a esta señora. Todos los que pululàis por aquí echando espumarajos por la boca cada vez que sale, directa o indirectamente, a colación no tenéis ni un poquitirrín de los bemoles que tiene ella.