Los tambores de guerra resuenan en la Casa Blanca. Trump, el Nerón del siglo XXI, está desatado y nadie parece capaz de pararle los pies. Tras hacerse con el control de Venezuela por la fuerza (violando sin resistencias numerosas leyes y tratados internacionales, pero también estadounidenses), EEUU ha amenazado oficialmente a varios países más: A Cuba, donde si no hay un cambio en la política del régimen comunista, el poco dinero y el poco petróleo que llegaban a la isla desde Venezuela, se acabarán y Cuba quedará sitiada de facto, hasta nuevo aviso; Pero también ha amenazado con atacar Colombia y México con la excusa del narcotráfico y las drogas que azotan América. Groenlandia, perteneciente a Dinamarca, también ha recibido su ración de Trumpismo, con la excusa de que por la zona se acercan rusos y chinos. Pero quien se lleva la palma es Irán.
De hecho, el conflicto contra Irán ya ha comenzado, y su primera manifestación es la desinformación mediática, como suele suceder siempre con este tipo de conflictos geopolíticos:
El 28 de diciembre de 2025, miles de personas, en su mayoría comerciantes, salieron pacíficamente a las calles de pequeñas ciudades en todo Irán, indignadas por la drástica y repentina caída del valor de la moneda iraní: el rial. Ante este suceso, la inmensa mayoría de los medios occidentales se ha dedicado simplemente a relatar la caída del rial como el fruto de alguna casualidad o de algún mecanismo invisible o inevitable de los mercados. Veamos algunos titulares occidentales que reproducen la desinformación habitual: “La moneda iraní registra un nuevo mínimo histórico”; “El rial iraní se desplomó más del 20% en un mes”; “La caída del rial iraní empuja a la economía a una recesión histórica”; “La caída del rial desata las mayores protestas desde 2022”.
Ciertamente, el 28 de diciembre, existe el detonante de la caída de la moneda iraní, que se desplomó hasta 1,42 millones de riales por dólar estadounidense, un nuevo mínimo histórico que pulverizó el poder de compra y empujó al alza inmediata los precios de los alimentos y bienes básicos. Solo en 2025, el rial se ha depreciado un 45%, y la inflación anual se ha situado en el 42,2%. Y si nos remontamos a 2019, desde entonces el valor del rial ha caído un 90%.
Pero para los medios occidentales estas son cosas que “suceden” sin más explicación: El rial registra, colapsa, se desploma… la caída del rial… ningún medio occidental explica por qué el valor del rial ha caído tanto en tan poco tiempo. Y es que la respuesta proviene precisamente de Occidente: es consecuencia de una larga guerra de divisas y de unas sanciones y embargos impuestos por occidente (Europa y EEUU, fundamentalmente). Hace muchos años que esta guerra económica está siendo promovida. Sin ir muy lejos, en 2019, Trump (en su primer mandato) reconoció abiertamente que sus sanciones buscaban perjudicar al pueblo iraní. Y en septiembre de 2025, las Naciones Unidas volvieron a imponer sanciones a Irán por su programa nuclear cuando el Consejo de Seguridad de la ONU votó en contra de levantar permanentemente las sanciones económicas contra Irán.
Según Alastair Crooke, un reconocido diplomático británico, no es ninguna elucubración afirmar que Occidente usa la guerra de divisas para desestabilizar Irán, y según sus últimos informes, la caída del rial ocurrida el 28 de diciembre fue provocada por operadores de divisas en Dubai, bajo presión de los EEUU.
Por tanto, un titular correcto para esta parte de la historia debería ser “Occidente socava el valor del rial provocando la peor crisis económica en Irán”. Y ahora las protestas derivadas de este ataque ya se comienzan a ver con otros ojos. Aparece un componente geopolítico claro que, casualmente, está siempre ausente en todas las narrativas occidentales sobre lo que ocurre en Irán.
El siguiente aspecto de esta historia es una vieja consigna utilizada largamente por occidente como guerra ideológica y moral: las protestas y la represión. Lo único que recogen los medios occidentales es la represión del régimen iraní, pero ahora veremos por qué motivo ésta se produce, ya que (nuevamente) la realidad dista mucho del relato occidental, que solo muestra un régimen desatado y violento que reprime a gente inocente que lucha por su libertad.
Existe abundante información silenciada por los medios occidentales sobre el foco de la violencia en Irán. Lo que comenzó como una protesta pacífica, ya a partir del segundo día de protestas fue derivando hacia actos vandálicos y terroristas contra el régimen y la propia sociedad civil iraní. Existen testimonios que recogen lo que ha estado ocurriendo: la instrumentalización de las protestas sociales, la manipulación mediática de las cifras de muertos y el uso de tácticas terroristas por grupos apoyados desde el exterior, en una campaña coordinada para desestabilizar a la República Islámica de Irán. Pero la información no proviene únicamente del régimen iraní ni de los iranís que lo defienden, sino también de las agencias de inteligencia occidentales. El Mossad israelí ha entrado abiertamente en la contienda. En su cuenta oficial en persa en X (antes Twitter), publicó el 8 de enero: “Salgan juntos a las calles. Ha llegado la hora. Estamos con ustedes. No solo a distancia y verbalmente. Estamos con ustedes sobre el terreno”.
La realidad de las protestas: Grupos armados camuflados entre los manifestantes han abierto fuego y sembrado el caos. Hay manifestantes pacíficos asesinados a sangre fría desde dentro de las manifestaciones, edificios públicos y privados quemados, gente muerta quemada en estos incendios, innumerables vehículos sanitarios y privados calcinados, y más de 100 agentes de seguridad iranís muertos.
En cualquier país occidental los medios estarían condenando la violencia de las protestas y defendiendo las actuaciones de los cuerpos de seguridad del Estado (para el caso de Irán, ha tenido que actuar hasta el ejército). ¿Qué se supone que debe hacer cualquier Estado ante tales manifestaciones claras de violencia y terrorismo, dialogar con aquellos que han orquestado la caída de la moneda nacional y que luego incendian las calles señalando como objetivos legítimos a los agentes del gobierno?
Pero para otra muestra, un ejemplo notable del temple de la sociedad iraní que ha sido deliberadamente ocultado por los medios occidentales: el pasado lunes 12 de enero de 2026, el gobierno de Irán convocó una serie de manifestaciones que fueron secundadas por millones de iranís, que salieron a las calles pacíficamente, en defensa del régimen, contra los disturbios armados y contra la injerencia extranjera.
Occidente tampoco oculta sus verdaderas intenciones sobre este conflicto. Resulta que EEUU tiene ya a un Paladín preparado para usurpar el poder en Irán: Reza Pahlavi, el príncipe heredero de la antigua Dinastía del Sha que, bajo el control occidental, se impuso en Irán antes de la revolución islámica. Este ejemplar vive en EEUU, y está realizando llamados a la insurrección violenta contra el régimen de Irán, probablemente a la espera de una intervención militar que le devuelva a la gloria de días pasados.
Por supuesto, uno de los motivos que impulsarían a Occidente a realizar una intervención militar en Irán es la lucha contra China. Irán ha cometido el mismo pecado que otros países que han sido intervenidos militarmente por EEUU y la OTAN: ha comerciado sus recursos fósiles con China sin utilizar el dólar, lo mismo que hizo Irak, Libia, y más recientemente, Venezuela.
Pero existen aun más motivos para un ataque contra Irán. Hablemos de Israel y de Netanyahu (si, ese criminal sobre el que pesa una orden de detención de la CPI).
En octubre de 2026 habrá elecciones en Israel y existen dos amenazas inmediatas que se ciernen sobre la coalición de Netanyahu, que podrían desencadenar elecciones anticipadas: la crisis de reclutamiento ultraortodoxo y la fecha límite presupuestaria de marzo de 2026. Pero esto no es todo. Netanyahu tiene casos de corrupción abiertos con la justicia de su propio país que, de concluirse, sería inequívocamente condenado (algunos afirman que incluso encarcelado). Sin mencionar el famoso escándalo del Qatargate (en la que hasta la mujer de Netanyahu, en visitas oficiales, se ha beneficiado de alojarse gratis en el Hotel 4Seasons de Miami, propiedad de Qatar). Netanyahu también tiene críticos en su propio partido por el plan de reconstrucción de Gaza impuesto por Trump, que es considerado por algunos una restauración de Hamás, en vez de su derrota.
Así pues, la reputación de Netanyahu en Israel está cayendo en picado y su mandato está en entredicho. Todo apunta a una única salida para asegurar su salvación política: la guerra contra Irán, que goza de gran apoyo entre las élites israelíes y en buena parte de la población.
En este sentido, recientemente se produjo una reunión en Mar-a-Lago entre Trump y Netanyahu. Para Netanyahu, esta reunión es el acto de apertura de su campaña electoral, en la que “el presidente de Estados Unidos será central —si no el protagonista— en la estrategia de reelección de Netanyahu”, según Nadav Shtrauchler, un estratega político que trabajó anteriormente para el primer ministro. En esta reunión, Trump se comprometió públicamente a atacar Irán: si continúan con su programa de misiles balísticos, “sí”. Y en cuanto a su programa nuclear: “de inmediato”. “Les daremos una paliza”, dijo Trump.
Con el transcurso de las protestas y las muertes en Irán, Trump ha aprovechado para publicar este texto en su plataforma Truth Social: “Irán está mirando a la LIBERTAD, quizá como nunca antes. ¡¡¡Estados Unidos está listo para ayudar!!!”. Sus comentarios llegaron un día después de decir que Irán estaba en “graves problemas” y de volver a advertir que podría ordenar ataques: “Eso no significa tropas sobre el terreno, pero sí golpearlos muy, muy duro, donde más les duele”.
Y es que las prisas también se deben a otro factor que podría suponer un varapalo para los planes de EEUU e Israel: Tras la guerra de 12 días de junio de 2025, Irán está desarrollando un nuevo sistema antimisiles que supuestamente blindaría las infraestructuras militares y nucleares de posibles ataques externos.
Los nervios apremian, las motivaciones sobran, la gran pregunta ya no es cuándo tendrá lugar el ataque militar contra Irán, sino cómo quedará el país tras la guerra. ¿Devastado como Irak o como Libia? ¿Podrán los EEUU e Israel repeler los ataques de vuelta del régimen iraní? ¿Intervendrá esta vez alguna otra potencia en la contienda?