Prohibir el móvil no mejora por sí solo el rendimiento académico. Lo que sí marca diferencia es la formación del profesorado para gestionar su presencia (o su ausencia) con criterio pedagógico. Algunos estudiantes reconocen que, tras la prohibición, atienden más en clase. Pero atender más no equivale a aprender a regular. El móvil no desaparece de la vida adolescente: cambia de escenario. Y cuando la norma no va acompañada de formación, solo funciona mientras hay vigilancia. El otro problema es la incoherencia.
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Es en el momento de descanso cuando si lo sacarían y lo que se observa si hay móvil es un deterioro de las relaciones entre alumnos ya que desaparecen, una pérdida del juego y deporte y un peligro de mal uso. Necesitarías docenas de profesionales atendiendo esos casos que además compiten contra los equipos más potentes de neuropsiquiatras, sociólogos, y expertos de toda clase que trabajan para hacer unas redes más adictivas.
Obviando que el que debe educar en su uso a los hijos son los padres y no el profesor de inglés o matemáticas.
Lo veo todos los días, donde se reunen en grupo para mirar los moviles y enseñarse cosas con suerte, pq cuando no se quedan solos mirando la pantalla. Ya no veo niños jugando a la lata, el escondite o el pillar. Los móviles hacen q los niños no sean niños y eso es terrible pq es una época única.