Una reflexión sobre la lectura lenta, la dificultad y el placer de apropiarse de lo que leemos en tiempos de metas, desafíos y consumo. Vivimos en un tiempo acelerado y obsesionado con la velocidad. Plataformas que nos prometen escuchar audiolibros y podcasts a velocidad aumentada. Series pensadas para ser maratoneadas. Contenidos diseñados para no detenernos nunca. Todo parece empujarnos hacia adelante, como si quedarse un poco atrás nos volviera torpes e improductivos. En los medios y las redes sociales esa misma lógica se replica y amplifica
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