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Buñuelos de pan, cuando la miga de ayer se convierte en un cremoso dulce
Mi infancia huele a canela y tiene la textura de un jugoso buñuelo de pan dulce bañado en leche infusionada. Mi abuela Ángeles preparaba este postre que entra dentro de la categoría de repostería de posguerra, de aprovechamiento, de reinvención, de hacer maravillas con cuatro ingredientes de andar por casa. Esa capacidad de transformar lo cotidiano en extraordinario en tiempos de necesidad. Hablamos del sur de Cantabria, donde siempre ha habido unos panazos impresionantes con bien de miga y una corteza tersa.
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Postguerra y con ingredientes de andar por casa, sabes o qué, pan, leche, canela y su puta madre.
Mi abuelo del pueblo en la postguerra te hubiera asesinado a navajazos si se entera de que llevas eso en el zurrón, para llevárselo a casa y dárselo a mi madre y a mis tíos. Literalmente comían de lo que daba la tierra y algún animal que tuvieran por casa. Mi madre no probó la leche de vaca hasta que no bajó a la ciudad a trabajar con 14 años. Y ellos tenían suerte: tenían tierras y huerta. Imagínate un jornalero andaluz que no tenía ni unas putas macetas donde plantar algo.
No nos hacemos a la idea de lo que fue aquello.
La mujer no regia muy bien, y eso únido a qué se quedó a cargo de 3 críos, uno de ellos lactante, sin fuente de ingresos y con nada para darles de comer salvo los dos cerdos famélicos pues se vio superada.
Le libro que una vecina que tenía una cabra se lo llevó y lo crío con la leche del animal.