Todos conocemos autores que afirman que sus letras son una forma de lucha, y de hecho así nació la literatura llamada social, como modo de concienciar a los lectores para que se enfrentasen a determinadas injusticias. Parece, pues, esta idea, de raíces progresistas, pero también se han instalado en ella algunos escritores fuertemente reaccionarios, y lo han hecho hasta el punto de que es imposible separar en su obra literatura e ideología. A todos ellos se les podría llamar, sin mucho miramiento, propagandistas.