“Tau, ¡abre!”, grita Laura Martínez a uno de sus perros, que rápidamente gira y abre el rebaño para que cambie de dirección. “Arriba”, señala, y los animales obedecen, dirigiéndose hacia las faldas de un monte cercano a Bustarviejo. Esta ganadera lleva a sus cabras y ovejas a pastar a una zona designada como cortafuegos en la Sierra Norte de Madrid, por lo que la Administración le paga un dinero anual que, en su caso, ronda los 5.000 euros. Es un reconocimiento a nuestra labor, pero la cantidad es muy pequeña.