Un pueblo de montaña que se organiza para apagar incendios, que vende lotería para organizar las fiestas y celebra unido un premio extraordinario debe ahora decidir qué tipo de comunidad quieren seguir siendo después de “El Gordo”.
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Es duro pero el deseo de disfrutar de la vida se asocia al dinero más alla del necesario para vivir y pequeños caprichos, que al estar a gusto con lo que haces y feliz con quienes convives.
Operaron mal y luego intentaron tapar el maniqueo. Ahora apelan al espíritu de los vecinos.
La confianza se rompió cuando no se consignaron todas las papeletas que se vendieron.
Y esa "comunidad" de la que se habla en el artículo, no debía ser tan robusta como dice ser. De lo contrario, esto ya se habría solucionado… » ver todo el comentario