Desde hace ya dos décadas, Zapatero funciona, para la derecha española, como una figura obsesivamente totémica. No tanto por lo que hizo, que también, sino por lo que representó: la irrupción de una España distinta a la imaginada por los guardianes del consenso de la Transición. La persistencia de la obsesión tiene mucho de trauma no resuelto. En torno a Zapatero se construyó un relato de demolición que excede la crítica política para adentrarse en el terreno de la deslegitimación moral. La obsesión con Zapatero cumple, una función más profunda