Hermosa fusión de poesía, grafiti, música y pintura

Este invierno está llevando todo lo que fuimos.
Cada día despierto arrebujándome,
arrebujándome contra tu espalda,
tocándote
para saber que no te has ido con el agua
sonrío y me pregunto si mañana, si pronto,
si algún día de estos,
el llanto sucederá a la lluvia
y el invierno también se meterá en la casa
y no habrá mueble, estante, cortinera,
donde no lave el agua los colores
y nos mojemos todos entre chocorrones y despedidas.
Por eso en las mañanas
bebo la luz en mis pulmones,
abro todas las puertas,
pinto amarillas las risas de las casas,
doy vueltas tenaz a los girasoles,
me prendo el sol en medio de los pechos
y salgo a tocarte, a escribirte,
a decir que no, que no hay cauce que se lleve mi amor
ni aguacero ni ciclón ni viento lacerante
que arranque tu nombre de esta piel
miel de tus días largos.
Los arcoíris de aceite
devanan sus laberintos
de porfiadas imposturas
arrecidos de tormentas
como flores venenosas
que Baudelaire olvidó,
y en el nácar de tus huesos
ensayan bajorrelieves
preñados de maldiciones
como misterios guardados
para las piedras rosetas
de algún nuevo Champolión.
No me preguntes por qué.
Pregúntate por qué no.
Ya nos reímos
con risas de mañana:
teme a esa deuda.
Uno llegar e incorporarse el día
Dos respirar para subir la cuesta
Tres no jugarse en una sola apuesta
Cuatro escapar de la melancolía
Cinco aprender la nueva geografía
Seis no quedarse nunca sin la siesta
Siete el futuro no será una fiesta
Y ocho no amilanarse todavía
Nueve vaya a saber quién es el fuerte
Diez no dejar que la paciencia ceda
Once cuidarse de la buena suerte
Doce guardar la última moneda
Trece no tutearse con la muerte
Catorce disfrutar mientras se pueda.
Mario Benedetti
А следующий раз — глухонемая
Приду на свет, где всем свой стих дарю, свой слух дарю.
Ведь всё равно — что говорят — не понимаю.
Ведь всё равно — кто разберёт? — что говорю.
Бог упаси меня — опять Коринной
В сей край придти, где люди твёрже льдов, а льдины — скал.
Глухонемою — и с такою длинной —
— Вот — до полу — косой, чтоб не узнал!
Traducción: al ingles por Karina McCorkle y al castellano con DeepL
Y la próxima vez, un sordomudo,
vendré a un mundo donde les daré un poema a todos, les daré a todos mi oído.
De hecho, es lo mismo, lo que dicen, no lo entiendo.
De hecho, es lo mismo -¿quién puede entenderlo?- lo que digo.
Dios me lo permita, Corinna
llega de nuevo a esta región, donde la gente es más dura que el hielo, los témpanos de hielo más duros que los acantilados.
Como una sordomuda, con una
trenza tan larga, ¡hasta el suelo!, mientras
no la reconocieras.
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-la tarde cayendo está-.
"En el corazón tenía
"la espina de una pasión;
"logré arrancármela un día:
"ya no siento el corazón".
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada,
"quién te pudiera sentir
"en el corazón clavada".
Antonio Machado
¿Qué es delito?
Es la sangre convertida en mito,
es la puerta abierta del que implora,
es la carne saciando su apetito
cuando otra carne devora;
es la risa de los hombres
mientras la ley llora.
Feindesland. 1994.
Cuando me hablan de felicidad
siempre hablo de sonrisas,
palabra inmensa la primera
pequeña coda la segunda,
apéndice involuntario,
fuera de moda.
La segunda.
Incluso una risa
o risotada involuntaria,
placer real y físico.
Felicidad, palabra torcida
llevada al extremo
sin aparente baremo.
Sonrisa, franca y sin dobleces.
Risa, escapada mental
que barrunta la risotada.
Risotada, incontinencia feliz.
Felicidad, palabra truncada
sin contenido aparente.
Ampulosa y vacía.
ContinuumST. Enero 2001
Si ya no vienes, ¿para qué te aguardo?
Y si te aguardo, di por qué no vienes,
verde y lozana zarza que mantienes
sin consumirte el fuego donde ardo.
Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo
en rescindir los extinguidos bienes.
Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
clavan el alma dardo sobre dardo.
A la mañana, que se vuelve oscura,
sigue la noche, que se vuelve clara
a solas con tu sed, que hiere y cura.
No quisiera pensar si no pensara
que, privado que fui de tu hermosura,
me olvidara de mí si te olvidara.
Antonio Gala
Nunca llegué a mirarte
con ojos distantes de amigo
porque sentía ser parte
de tu abrazo sin abrigo.
Tu sonrisa siempre ahí
en ese lugar mágico
de esa alegría interior,
tu belleza a flor de piel
incluso en aquella cama
coronada de tubos,
de fluidos vitales.
Incluso tu palidez
se veía eclipsada
por una sonrisa perfecta.
No parecías enferma
y el brillo de tus ojos
parecía eterno.
Aquella noche te abracé
entre tubos
y máquinas
que dejaron de sonar
por ti.
Para ti.
En ti.
Y te fuiste
para siempre.
(Enero 2010. ContinuumST.)
TRENES del Sur, pequeños
entre
los volcanes,
deslizando
vagones
sobre
rieles
mojados
por la lluvia vitalicia,
entre montañas
crespas
y pesadumbre
de palos quemados.
Oh
frontera
de bosques goteantes,
de anchos helechos, de agua,
de coronas.
Oh territorio
fresco
recién salido del lago,
del río,
del mar o de la lluvia
con el pelo mojado,
con la cintura llena
de lianas portentosas,
y entonces
en el medio
de las vegetaciones,
en la raya
de la multiplicada cabellera,
un penacho perdido,
el plumero
de una locomotora fugitiva
con un tren arrastrando
cosas vagas
en la solemnidad aplastadora
de la naturaleza,
lanzando
un grito
de ansia,
de humo,
como un escalofrío
en el paisaje!
Así
desde sus olas
los trigales
con el tren pasajero
conversan como
si fuera
sombra, cascada o ave
de aquellas latitudes,
y el tren
su chisperío
de carbón abrasado
reparte
con oscura
malignidad
de diablo
y sigue,
sigue,
sigue,
trepa el alto viaducto
del río Malleco
como subiendo
por una guitarra
y canta
en las alturas
del equilibrio azul
de la ferretería,
silba el vibrante tren
del fin del mundo
como
si
se despidiera
y se fuera a caer donde
termina
el espacio terrestre,
se fuera a despeñar entre las islas
finales del océano.
Yo voy contigo,
tren, trepidante
tren
de la frontera:
voy a Renaico,
espérame,
tengo que comprar lana en Collipulli,
espérame, que tengo
que descender en Quepe,
en Loncoche, en Osorno,
buscar piñones, telas
recién tejidas, con olor
a oveja y lluvia...
Corre,
tren, oruga, susurro,
animalito longitudinal,
entre las hojas
frías
y la tierra fragante,
corre
con
taciturnos
hombres de negra manta,
con monturas,
con silenciosos sacos
de papas de las islas,
con la madera
del alerce rojo,
del oloroso coigue,
del roble sempiterno.
Oh tren
explorador
de soledades,
cuando vuelves
al hangar de Santiago,
a las colmenas
del hombre y su cruzado poderío,
duermes tal vez
por una noche triste
un sueño sin perfume,
sin nieves, sin raíces,
sin islas que te esperan en la lluvia.
inmóvil
entre anónimos
vagones.
Pero
yo, entre un océano
de trenes,
en el cielo
de las locomotoras,
te reconocería
por
cierto aire
de lejos, por tus ruedas
mojadas allá lejos,
y por tu traspasado
corazón que conoce
la indecible, salvaje,
lluviosa,
azul fragancia!
PABLO NERUDA
Sólo eres un fantasma muerto,
una imagen borrosa
traída por mi memoria.
Yo sólo soy un desierto
de faz luminosa
y mente mortuoria.
Nos vamos, los dos,
tú evitando el cementerio,
yo abrazando mis cenizas.
Pretendes ser un vicediós
con un sólo misterio
pero sólo juegas con tizas.
Tizas que marcan.
Tizas invisibles.
Tizas escribiendo dos fechas.
Tu llegada y tu partida.
Aquí seguiré
siendo ceniza
con un todo
que no es nada.
(ContinuumST. Año 2000. "Poemario borracho".)
Si puedes conservar tu cabeza, cuando a tu alrededor
todos la pierden y te cubren de reproches;
Si puedes tener fe en ti mismo, cuando duden de ti
los demás hombres y ser igualmente indulgente para su duda;
Si puedes esperar, y no sentirte cansado con la espera;
Si puedes, siendo blanco de falsedades, no caer en la mentira,
Y si eres odiado, no devolver el odio; sin que te creas,
por eso, ni demasiado bueno, ni demasiado cuerdo;
Si puedes soñar sin que los sueños, imperiosamente te dominen;
Si puedes pensar, sin que los pensamientos sean tu objeto único;
Si puedes encararte con el triunfo y el desastre, y tratar
de la misma manera a esos dos impostores;
Si puedes aguantar que la verdad por ti expuesta
la veas retorcida por los pícaros,
para convertirla en lazo de los tontos,
O contemplar que las cosas a que diste tu vida se han deshecho,
y agacharte y construirlas de nuevo,
aunque sea con gastados instrumentos;
Si eres capaz de juntar, en un solo haz, todos tus triunfos
y arriesgarlos, a cara o cruz, en una sola vuelta,
Y si perdieras, empezar otra vez como cuando empezaste
Y nunca más exhalar una palabra sobre la pérdida sufrida;
Si puedes obligar a tu corazón, a tus fibras y a tus nervios,
a que te obedezcan aun después de haber desfallecido,
Y que así se mantengan, hasta que en ti no haya otra cosa
que la voluntad gritando: ¡persistid, es la orden!
Si puedes hablar con multitudes y conservar tu virtud,
o alternar con reyes y no perder tus comunes rasgos;
Si nadie, ni enemigos, ni amantes amigos,
pueden causarte daño;
Si todos los hombres pueden contar contigo,
pero ninguno demasiado;
Si eres capaz de llenar el inexorable minuto,
con el valor de los sesenta segundos de la distancia final,
Tuya será la tierra y cuanto ella contenga,
Y, lo que vale más, serás un hombre, hijo mío.
Rudyard Kiping
También somos pescadores
ondeando sobre la mar,
desafíos de una estrella
olvidada en la vacía
eternidad de su empeño.
Somos todos el ensueño
macerado de la nada,
alquimistas de las sombras,
sembradores de patrañas,
funambulistas dormidos
avanzando en el alambre
carcomido por un tiempo
irisado de ficciones.
Las historias que contamos
quieren dejar de ser cuentos,
unirse en grandes tratados,
esparcirse en la memoria
lacónica de un silencio
al que no le quepan dudas,
segar las incertidumbres
emboscadas en la ciencia,
necesitarse a sí mismas
sin postrarse de rodillas
ante ningún creador.
También somos pescadores,
eremitas de las sombras
zambulléndose en el sol.
Feindesland. 2009
Ya no somos horizonte
de bosque en la lejanía:
somos leña para el fuego.
Para otro fuego.
Es tarde ya para hablar.
Es tarde para el café.
Es tarde para el deseo.
Conservemos las miradas
en un frasco de cristal,
como moscas atrapadas
por un niño que encontró ya otro juguete.
Escondamos estas horas
en un reloj de bolsillo
con otro nombre grabado,
sobre la hora silente
que sin campanada espera.
Conservemos la memoria de este olvido,
de la atroz extravagancia
consumada al entregar la despedida
a quien nunca conocimos.
Escribamos versos a lápiz
sobre un casco de acero,
en medio de la batalla.
Escribamos versos en las bayonetas,
en las granadas de mano,
miles, millones de versos
sobre el alambre de espino,
en un poema sin fin
bautizado en destrucción.
Engendremos mariposas
en los ojos de la muerte,
pétalos de hambre,
terciopelos y resedas
sobre la herida aún sangrante
y en ese enjambre de flores
cosechemos el panal
de las sonrisas forzadas
y las carcajadas de los locos.
Es la guerra.
Es la vida.
Somos lo que enterramos,
seremos lo que tú digas.
Feindesland 2011.
Cuando miro al cielo
pienso en caramelo
porque todo fulge
lo que tengo en los ojos.
Maldito brillo de petirrojos.
Rimas de palabras tontas
en recitados.
Absurdas en el pensado.
Bobadas en el sentido.
Palabras de consuelo
para seres sin suelo.
No hay más.
No hay menos.
Al final ,
sólo tenemos
un poco de muerte.
Cada día.
Cada momento.
Cada instante.
Sin poesía.
La vida es sólo
un instante de la muerte.
(ContinuumST, 2010. "Poemas rondando la muerte". )
Y aunque gire el suelo gris
y la pasarela y la valla, y el puente se rompan
y todos los salones queden desiertos,
¡canta tu canción y no temas!
La hora pasa, el grito se desvanece,
el martillo cae en el juicio con la sentencia...
Sin embargo, el corazón humano perdura
y el año de la Tierra, y la luz celestial.
Y no le hará ningún daño a nadie
responder esto a cualquiera que le pregunte:
¡Miré a la noche y a la muerte
y canté mi canción y no temí!
Bruno Frank.
I
Me lo contaron ayé
las lenguas de doble filo,
que te casaste hase un mé…
y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera, en mi caso,
se hubiera echao a llorá,
Yo, crusándome de braso,
dije que me daba iguá.
Nada de pegarme un tiro
ni enredarme en mardisiones
ni apedreá con suspiros.
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casao? -¡Buena suerte!
¡Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte…
Dios no te lo tenga en cuenta!
Que si ar pié de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi mare
que no te guardo rencó.
Porque sin sé tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
yo soy… quien más t’ha querío,
¡con eso tengo bastante!
II
-¿Qué tiene er niño, Malena?
Anda como trastornao…
le encuentro cara de pena
y el colorsillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destrosa la ropa
subiéndose a coger níos.
¿No te parese a ti extraño?
¿No es una cosa mu rara
que un chavá de dose años
lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo…
y estás demasiao tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujé… ¡vigila!
Y fueron dos centinelas
los ojitos de mi mare:
-¡Cuando sale de la escuela
se va pa los Olivares!
-Y ¿qué busca allí?
-Una niña. Tendrá el mismo tiempo que é...
¡José Migué, no le riñas,
que está empezando a queré!
Mi pare ensendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre…
y te compró unos sarsillos
y, a mí, un pantalón de hombre.
III
Yo no te dije: ¡te adoro!
pero amarré en tu balcón
mi laso de seda y oro
de primera comunión.
Y tú, fina y orgullosa,
me ofreciste en recompensa
dos sintas color de rosa
que engalanaban tus trensas.
-Voy a misa con mis primos.
-Güeno… te veré en la Ermita.
¡Y qué serios nos pusimos
al darte el agua bendita!
Mas, luego, en er campanario,
cuando rompimos a hablar…
-Dice mi tita Rosario
que la cigüeña es sagrá,
- ¡y er colorín, y la fuente,
y las flores, y el rosío,
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río,
-Y er bronse de esa campana y el romero de los montes
y aquella cinta lejana
que la llaman horizonte.
¡Todo es sagrao! ¡tierra y sielo!
porque too lo hiso Dió...
¿Qué te gusta má? ¡Tu pelo!
¡Qué bonito le salió!
-Pos, ¡y tu boca! ¡y tus brazos!
¡y tus manos reonditas!
¡y tus pies fingiendo er paso
de las palomas suritas!
Con la puresa de un copo
de nieve te comparé…
te revestí de piropos
de la cabesa a los pies…
A la güerta te hise un ramo
de pitimin, presioso,
y luego nos retratamos
en el agüita del poso…
Y hablando de estas pamplinas
que se inventan las criaturas,
llegamos hasta la esquina
cogidos por la sintura.
Yo te pregunté: -¿En qué piensas?
Tú dijiste: -En darte un beso.
¡Y yo sentí una vergüenza
que me caló hasta los güesos!
De noche, muertos de luna,
nos vimos por la ventana…
-Mi hermaniyo está en la cuna,
le estoy cantando la nana.
"Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi mare no quiere
ni yo tampoco."
Y. mientras que tú cantabas
yo - inosente - me pensé
que la nana nos casaba
como a marío y mujé.
IV
¡Pamplinas, figuraciones
que se inventan los chavales!
después la vía se impone…
¡tanto tienes, tanto vales!
Por eso yo, al enterarme
que llevas un mes casá,
no dije que iba a matarme,
sino que me daba iguá.
Mas, como es rico tu dueño,
te vendo esta profesía:
Tú, cada noche, entre sueños
soñarás que me querías.
Y recordarás la tarde
que tu boca me besó.
Y te llamarás cobarde
como te lo llamo yo…
Y verás, sueña que sueña,
que me morí siendo chico.
Y se llevó la sigüeña
mi corazón en er pico.
Pensarás: ¡no es sierto nada!
¡Yo sé que lo estoy soñando!
Pero allá, a la madrugada,
te despertarás llorando
por el que no es tu marío,
ni tu novio, ni tu amante,
sino el que más t’ha querío…
¡con eso tengo bastante!
Rafael de León.
“Mereces un amor que te quiera despeinada,
incluso con las razones que te levantan de prisa
y con todo y los demonios que no te dejan dormir.
Mereces un amor que te haga sentir segura,
que pueda comerse al mundo si camina de tu mano,
que sienta que tus abrazos van perfectos con su piel.
Mereces un amor que quiera bailar contigo,
que visite el paraíso cada vez que ve tus ojos
y que no se aburra nunca de leer tus expresiones.
Mereces un amor que te escuche cuando cantas,
que te apoye en tus ridículos,
que respete que eres libre,
que te acompañe en tu vuelo,
que no le asuste caer.
Mereces un amor que se lleve las mentiras,
que te traiga la ilusión,
el café
y la poesía.”
Atribuido a Frida Kahlo
“Mereces un amor que te quiera despeinada”, el poema atribuido a Frida Kahlo, fue compuesto en realidad por Estefanía Mitre, jovencísima poeta mexicana. Fuente
Qué fácil parece cambiar una costumbre,
es como remover cenizas de una lumbre,
o basura hasta que salga olor a podredumbre,
hacer temblar su cimiento hasta que se derrumbe,
así que no olvides que eres un ser de costumbre,
y antes de cambiar algo, cambia tu servidumbre.
Fdo. Sr. Cumbre
Tus cabellos, estimados
por oro contra razón,
ya se sabe, Inés, que son
de plata sobredorados.
Pues ¿querrás que se celebre
por verdad lo que no es?
Dar plata por oro, Inés,
es vender gato por liebre.
Baltasar del Alcázar
¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mí están adonde
no estés tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?

También somos nuestros vacíos
Las palabras que no dijimos
La mano que negamos
Las promesas que no cumplimos
Los días borrados
Las noches frías
Los latidos mudos
Las heridas abiertas
Los pulsos perdidos
Las voces ausentes
Los ecos que fueron olvido
Esa suma de incumplidos

menéame