En los ásperos muelles del puerto
Mi ardiente corazón aún te busca.
La aguja imantada del recuerdo
No tiene más norte que tú cuerpo
Y en todos los cuadrantes te dibuja.
Feindesland 1999
Con extraña habilidad
Un soldado, poco a poco
Queriendo pintar a un loco
Retrató a la humanidad.
Como dijo la verdad,
Dejó al mundo descontento,
Y, mendigando el sustento,
Murió de hambre el pobrecito
Acusado del delito
De tener mucho talento.
En obra tan singular
Que rival no ha de tener
España aprende a leer
El mundo aprende a pensar.
De aquel tesoro sin par
Cervantes, con rica vena,
Puso tanto en cada escena
En una página sola
Que aún siendo la obra española
España la encuentra buena
Hoy dice el mundo, y se engaña,
-pues no era manco el autor-
Mas quien hizo tal primor
Salió manco de campaña.
Si por la gloria de España
Que en el Quijote se encierra
Europa nos arma guerra
Decid con desdén profundo
¡EL MEJOR LIBRO DEL MUNDO ,
LO ESCRIBIÖ UN MANCO EN MI TIERRA!
Leopoldo Cano y Casas
Si recordaras, amor mío, qué es lo que te aguarda tras las
seguras paredes de la espera.
Si recordaras cómo ¡y qué cruelmente! el deseo atendido
oculta su puñalada de decepción.
Si recordaras que, una vez que la pasión estalla, el secreto
deja de ser escudo y huída,
no me insistirías para que te mostrara, para que te ofreciera,
para que te otorgue.
Sino que te resignarías a sobrevivir dentro de mí en el dúctil
territorio de los sueños, donde todos los modos de ternura
que puedas inventar son permitidos, toda tempestad música
y ningún temor es irrevocable.
Si recordaras, Amor mío, qué es lo que te aguarda tras las
seguras paredes de mi corazón,
no me obligarías a levantarme en armas contra ti, a detenerte,
a desmentirte, a amordazarte, a traicionarte...
antes de que te me arrebaten, dulce silencio mío,
mi único tesoro, insensato e irreductible sentimiento.
Ana Rosetti.
Hoy la lírica celebra su día
y no podía yo ignorar tal asunto,
por eso como Bécquer me pregunto:
¿qué demonios será la poesía?
Simbiosis de métrica y fantasía,
sin faltar el ingenio en el conjunto,
contando sílabas versos pespunto;
moderando emoción y teoría.
Más algo inefable habita en la rima,
pues no atiende a hipótesis ni razones
todo aquello que el alma dictamina.
Poesía es exhalar mil emociones
bajo la norma que el lirismo estima
exiliando arrogantes pretensiones.
Era más de media noche,
antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego, envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.
Era la hora en que acaso
temerosas voces suenan
informes, en que se escuchan
tácitas pisadas huecas,
y pavorosas fantasmas
entre las densas tinieblas
vagan, y aúllan los perros
amedrentados al verlas;
en que tal vez la campana
de alguna arruinada iglesia
da misteriosos sonidos
de maldición y anatema,
que los sábados convoca
a las brujas a su fiesta.
El cielo estaba sombrío,
no vislumbraba una estrella,
silbaba lúgubre el viento,
y allá en el aire, cual negras
fantasmas, se dibujaban
las torres de las iglesias,
y del gótico castillo
las altísimas almenas,
donde canta o reza acaso
temeroso el centinela.
Todo en fin a media noche
reposaba, y tumba era
de sus dormidos vivientes
la antigua ciudad que riega
el Tormes, fecundo río
nombrado de los poetas,
la famosa Salamanca,
insigne en armas y letras,
patria de ilustres varones,
noble archivo de las ciencias.
Súbito rumor de espadas
cruje y un «¡ay!» se escuchó;
un «¡ay!» moribundo, un «¡ay!»
que penetra el corazón,
que hasta los tuétanos hiela
y da al que lo oyó temblor.
Un «¡ay!» de alguno que al mundo
pronuncia el último adiós.
El ruido
cesó,
un hombre
pasó
embozado,
y el sombrero
recatado
a los ojos
se caló.
Se desliza
y atraviesa
junto al muro
de una iglesia,
y en la sombra
se perdió.
El estudiante de Salamanca. José de Espronceda (fragmento)
(...)
Bajo una zarpa de lluvia,
y un racimo de relente,
y un ejército de sol,
campan los cuerpos rebeldes
de los españoles dignos
que al yugo no se someten,
y la claridad los sigue,
y los robles los refieren.
Entre graves camilleros
hay heridos que se mueren
con el rostro rodeado
de tan diáfanos ponientes,
que son auroras sembradas
alrededor de sus sienes.
Parecen plata dormida
y oro en reposo parecen.
Llegaron a las trincheras
y dijeron firmemente:
¡Aquí echaremos raíces
antes que nadie nos eche!
Y la muerte se sintió
orgullosa de tenerles.
(...)
"Llamo a la juventud" de Miguel Hernández.
Cuando el dulce silencio al pensamiento
me trae los recuerdos del ayer,
y al ver lo que he perdido me atormento,
y en mi antiguo dolor vuelvo a caer,
mis ojos, que ya el llanto han olvidado,
baño por los amigos que amé un día,
y lloro nuevamente lo llorado
cuando me los quitó la muerte impía.
Y entonces, al gemir lo ya gemido,
de dolor en dolor, dejo saldada
la triste cuenta del dolor sufrido,
cual si no la dejara antes pagada.
Pero al pensar en ti, prenda querida,
todo lo hallo y mi pena se me olvida.
Traducción de Federico Maristany.
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