En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
con un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo sientes...
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!
Juan Ramón Jiménez
Al despertar
de la siesta
-todavía un instante-,
la sensación de haber soñado
que un mundo mejor,
más habitable,
más humano,
era posible.
Pero fue abrir los ojos
y olvidar los detalles.
Karmelo C. Iribarren
De vez en cuando,
serás mi café de ausencias,
tú y tu voz de mil tierras,
el recuerdo al que recurra
para herir de nostalgia mi noche,
para no conciliar el sueño.
Juan Ortiz
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
e retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.
Turgente picazón y el perfume de la muerte
En el susurrante viento del sur
Un aroma de abismo y vacío
El Oscuro Ángel de los vagabundos aúlla a través del apartamento
Con enfermo aroma dormido
El sueño de la mañana de un mono perdido
Nacido y silenciado bajo viejos caprichos
Con pétalos de rosa en frascos cerrados
El miedo y el mono
El sabor amargo de la verde fruta del amanecer
El lechoso aire condimentado con vientos alisios
Carne blanca mostraba
Sus jeans eran tan viejos
Sombras de piernas junto al mar
Luz de la mañana
En el cielo la luz de una pequeña tienda
En el olor a vino barato en el barrio de los marineros
En la fuente sollozando en los patios de la policía
En la estatua de piedra enmohecida
En el pequeño niño silbando a los perros callejeros.
Vagabundos se aferran a sus casas desvanecidas
El pálido silbato de un tren perdido y amortiguado
En el nocturno apartamento el sabor del agua
Luz de la mañana sobre la carne lechosa
Turgente picazón de mano de fantasma
Triste como la muerte de los monos
Tu padre una estrella fugaz
Hueso de cristal en el aire
Cielo nocturno
Dispersión y vacío.

Todavía tengo casi todos mis dientes,
casi todos mis cabellos y poquísimas canas.
Puedo hacer y deshacer el amor,
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus,
o sea que, no debería sentirme viejo,
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.
Mario Benedetti
Ella
Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frote
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.
Haciendo el amor al sol, al sol de la mañana
en una habitación de hotel
sobre el callejón
donde los pobres hurgan buscando botellas;
haciendo el amor al sol
haciendo el amor junto a una alfombra más roja que nuestra sangre,
haciendo el amor mientras los chicos venden titulares
y Cadillacs,
haciendo el amor junto a una foto de París
y un paquete abierto de Chesterfield,
haciendo el amor mientras otros hombres -pobres idiotas-
trabajan.
Desde aquel momento (hasta ahora...
años, quizá, según otras medidas,
pero en mi recuerdo es solo una frase reiterada),
hay tantos días
en los que la vida se detiene, frena y se sienta
y espera como un tren en las vías.
Paso por ese hotel a las 8 y a las 5.
Hay gatos en los callejones
y botellas y mendigos,
y levanto los ojos hacia la ventana y pienso,
ya no sé dónde estás,
y sigo andando y me pregunto adónde
va la vida
cuando se detiene.
Charles Bukowski
Abro el periódico
y ahí está.
Lo recuerdo,
solía sentarse
en los últimos pupitres.
Nunca llegamos a ser grandes amigos.
La semana pasada
el del tercero,
y ahora él.
Llega el camarero con el café.
El francotirador
anda cerca, le digo.
Karmelo C. Iribarren
Volar sin alas
Es posible volar sin tener alas
y nadar sin necesidad de ser un pez
Puedo sentarte frente a mi mientras me tapo
los ojos con las manos,
y hasta sentir que te toco, aunque no estés aquí.
Pero, como podría, sin ser Neruda,
decirte lo que quiero decirte
y que lo oigas como quiero que lo oigas
De vez en cuando me digo:
quizás es cierto que nos conocemos desde hace siglos
y me subo al delirio y me relamo
y hasta creo recordar nuestros caminos desandados
y aquellos maestros compartidos:
El arte de amar…
El principito…
Y aquel hermoso libro, el de La casa redonda,
que alguna vez
debimos leer juntos.
Y un minuto después, ya estoy diciendo:
no puede ser verdad.
Nunca exististe,
y si exististe, jamás nos encontramos.
Porque si todo fuera como yo imagino,
jamás podría perdonarte
tu inoportuno y absurdo silencio
de estos últimos 50 años.
Marta Bujó
Antología de un tiempo que no fue

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardíacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.
Mario Benedetti
Fue una noche de lunes
de oscuridad sin luna,
y ni un sólo reproche
de tu boca oportuna.
El azahar olía a odio,
el magnolio a tristeza,
las azaleas penaban solas.
Las rejas de tu ventana
cárcel de sombras en la calle.
Pasé de largo,
tan de largo
que olvidé quién vivía allí.
Fue un lunes de noche,
de oscuridad sin luna
y sombras de olvido.
(ContinuumST. Mayo 2012.)
Sale un misil «Lance»,
surca el cielo a una velocidad de susto,
otro misil «Patriot» sale a su encuentro,
le encuentra,
se deshacen,
se ilumina la zona,
la noche se hace día,
millones de dólares se hacen polvo,
cientos de niños se hacen ceniza.
No hay campo de batalla,
es en la ciudad donde el diablo dice ¡hola!
Las bombas traspasan los refugios
silenciando el llanto de los niños.
Millones de personas no hacemos nada
para evitar el tormento,
solo lamentos.
Dios, Alá y Mahoma
tampoco evitan que caiga
ensangrentada una paloma.
Gloria Fuertes
No los domésticos,
estratégicamente dispuestos
para que te digan siempre
lo que quieres oír,
sino los otros,
los que no tienen dueño,
los de los bares,
los de los comercios,
los de los vestíbulos de hotel,
esos son los que te dicen la verdad:
que no eres nada, nadie,
en realidad,
solo uno más
que pasaba por allí.
Karmelo C. Iribarren
En las plazas
los niños juegan
y los viejos hacen un alto
en su peregrinar hasta la hora
del almuerzo.
es una imagen
urbana, agradable,
que, dependiente
del día que tengas,
el tiempo
-con su didactismo barato-
ensucia
a veces
con una sombra
de melancolía:
¡pasa tan rápido la vida!
en estos casos
-como si te conociesen-
aparecen
los gorriones
con su traje
de hace siglos
y sus escaramuzas
entre sus zapatos,
y tiran
otra vez de ti
hacia la luz.
Karmelo C. Iribarren
Oigan ustedes señores
Con atención,
Una canción que dice
En español,
Como empieza una vida
En Aragón
Y se acaba el camino
En tierras d'Oc.
Terribles los inviernos
En pueblo de la torre
Infierno los veranos
Donde está el rebaño ?
Que triste estoy Luis.
Luis, vamonos pa'francia
Y alli trabajando
Tendremos dinero
Pa'levantar casa cuando
Volvamos aquí.
Entre viñas y olivos
Van corriendo los años
- « Es casi nuestra lengua
La que aquí se habla :
Contenta estoy Luis. »
Lui, iremos a España
Y allí descansando
Alegres los nuestros
Nos olvidaremos el tiempo
perdido aquí.
Solo en los cuentos
Todo bien se acaba :
El dios de la injusticia
A Francia ha dejado
Mi abuelo Luis.
Luis heredé tu sueño
Cambiará España
Entonces cantando
Levantaré casa cuando
Volvamos alli.
Claudi Martí

Eché a andar por el bosque de avellanos
porque sentía un fuego en la cabeza,
y corté y descortecé una rama
y le até una baya con un hilo;
y cuando echaron a volar mariposas blancas
y se alejaron como estrellas titilantes,
la dejé caer en un arroyo
y pesqué una pequeña trucha plateada.
Tras haberla dejado en el suelo
fui a avivar con mi aliento la llama,
pero algo crujió en el suelo
mientras alguien pronunciaba mi nombre.
Se había convertido en una joven resplandeciente,
y con flores de manzano en el cabello,
que me llamó por mi nombre y echó a correr
perdiéndose en el aire destellante.
Aunque envejezca en mis vagabundeos
por hondonadas y colinas,
alguna vez volveré a encontrarla,
y tomándola de las manos, la besaré en los labios,
y caminaremos entre largas hierbas multicolores,
y cosecharé hasta el final del tiempo
las plateadas manzanas de la Luna
y las manzanas doradas del Sol.
Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

Lo fueron todo
y ya los ves ahora,
abatidos por los días iguales,
como pasquines en los charcos.
Vivir
se reduce a esquivarlos.
Karmelo C. Iribarren
Quien dice que la ausencia causa olvido
merece ser de todos olvidado.
El verdadero y firme enamorado
está, cuando está ausente, más perdido.
Aviva la memoria su sentido;
la soledad levanta su cuidado;
hallarse de su bien tan apartada
hace su desear más encendido.
No sanan las heridas en él dadas,
aunque cese el mirar que las causó,
si quedan en el alma confirmadas.
Que si uno está con muchas cuchilladas,
porque huya de quien lo acuchilló,
no por eso serán mejor curadas.
Juan Boscán
Llegar al fin
hasta la puerta de tu casa,
entrar,
echar todas las cerraduras,
y, como quien saborea
el sabor de la venganza,
decirlo:
“ahí os quedáis,
hijosdeputa”.
Karmelo C. Iribarren
Lucía el sol,
el aire estaba limpio,
había descansado
diez horas de un tirón,
el camarero me miró
como si fuese otra persona,
el café no me sentó
como un tiro...
Pero, ¿qué estaba pasando?
Miré al fondo,
unos tipos,
a punto de ser estrangulados
por sus corbatas,
de esos que mueven "kilos"
chasqueando los dedos,
con su sola presencia
se encargaron de poner
las cosas en su sitio.
Karmelo C. Iribarren
“Nos hicieron creer que el «gran amor»,
solo sucede una vez,
generalmente antes de los 30 años.
No nos contaron que el amor
no es accionado, ni llega en un momento determinado.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros
es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido
cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros,
que nadie en nuestra vida merece
cargar en las espaldas
la responsabilidad de completar lo que nos falta.
Las personas crecen a través de la gente.
Si estamos en buena compañía es más agradable.
Nos hicieron creer en una fórmula llamada «dos en uno»:
dos personas pensando igual,
actuando igual...
que era eso lo que funcionaba.
No nos contaron que eso tiene un nombre: anulación.
Que sólo siendo individuos con personalidad propia
podremos tener una relación saludable.
Nos hicieron creer que el casamiento es obligatorio
y que los deseos fuera de término, deben ser reprimidos.
Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados.
Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz,
la misma para todos, y los que escapan de ella
están condenados a la marginalidad.
No nos contaron que estas fórmulas
son equivocadas, frustran a las personas, son alienantes,
y que podemos intentar otras alternativas.
Ah, tampoco nos dijeron que nadie
nos iba a decir todo esto: cada uno lo va a tener que descubrir solito.
Y entonces,
cuando estés «enamorado de ti mismo»
podrás ser feliz y te enamorarás de alguien.
Vivimos en un mundo
donde nos escondemos para hacer el amor
aunque la violencia se practica a plena luz del día.”
John Lennon
Estos tiempos eufóricos
de proclamas
y consignas,
acabarán también
formando parte
-junto a los viejos amores, las guerras,
y demás causas perdidas-,
de cualquier
conversación de bar.
El trayecto, breve, suele ser
siempre el mismo:
de la esperanza
a la melancolía.
Karmelo C. Iribarren
menéame