Un comercial se valía de un compinche, compañero de profesión, que se hacía pasar por un falso propietario para sacar más dinero a sus víctimas. El comercial operaba para una franquicia de renombre ubicada en el Barrio del Pilar de Madrid, prometía a decenas de clientes pisos que nunca llegaba a enseñar. Les mostraba unas fotografías y les sugería pagar una señal en concepto de reserva para asegurarse el inmueble.La presión del mercado inmobiliario madrileño hacía el resto.Muchos de los estafados se encontraban en situaciones de vulnerabilidad.
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