No tenía intención hoy de hacer artículo, pero yo que sé... Tampoco me apetecía cocinar y al final juntando las dos cosas me animé.

Esto no es lo primero que hice, pelé cuatro patates y las corté en rodajas y las dejé a remojo mientras iba a la huerta a por puerros.
Esto es lo siguiente, cortar un pimiento rojo en tiras y a la cazuela.

Cortar el puerro en tiras y a la cazuela.
Con las mismas acordarse del ajo! 4 pelados y machacados (me voy a arrepentir de esta frase)

Añadir la cebolla, echar un chin de sal. Sofreir un par de minutos y tapar, hasta que esté todo blandín.

Como hace frío que pela, eché cayena molida y un chorrín de vino blanco. Dejar que se evapore.

Añadir las patatas. No tienen que quedar tiesas, echas pero blandinas. Volver a echar sal y dejar 5 minutos a fuego medio.

Freír huevos y chim pum.
Bebió de su cognac, y paladeó su ducados, mientras la bufanda raída de su madre se apoyaba elegante sobre el chaleco de su tatarabuelo. Sentado en un sillón bajo del café intelectual, la pierna cruzada apoyada en el tobillo, desenfadado y poderoso en un mundo ceñido a sus reglas, concebido para la sutileza de la propia adoración, miraba al vacío con desdén, y ese aire de estar pensando profundamente algo que cristaliza en este justo momento.
Las RayBan de piloto de Top-Gun hubieran despertado demasiadas sospechas, pero le hubiera gustado ponérselas.
En el fondo no hacía más que impostar la realidad, los hipsters eran otros.
No necesitaba el atuendo para inventar un estilo grotesco de surrealismo pedante, y a la vez auténtico como el rocío sobre un pétalo.
Salvo quizá para encontrar a alguien como él, una rebelde Caperucita de Maldoror.
Su Bianca, mon amour, mon Italie.
menéame