Actualmente, podemos afirmar, con toda seguridad, que el pasado 14 de marzo no se produjeron manifestaciones, sino un verdadero motín. Grupos de jóvenes (en ocasiones acompañados por monjes), armados de cuchillos, sables, machetes, piedras y cócteles molotov, prendieron fuego a comercios, vehículos y domicilios privados. A excepción de los turistas, todos los no tibetanos estuvieron amenazados. No sólo los chinos han fueron atacados y apaleados, sino también los musulmanes hui. La violencia fue brutal y de naturaleza étnica y racista.