Jim McLane, ingeniero retirado de la NASA, propone que un colono funde un nuevo mundo marciano, un viaje con un único tripulante y sólo con billete de ida. En resumen, un colono, no un turista. Eliminando el regreso a la Tierra, se deja fuera de la ecuación la variable técnica más compleja y costosa de una misión marciana, y reduciendo la tripulación a una sola persona –o a una pareja fundadora de Adán y Eva marcianos–, se puede dedicar la mayor parte de la carga útil a provisiones y equipo.