Sorprende ver a monjes budistas vociferantes con el puño en alto y las facciones deformadas por la cólera. Más aún se sorprendería Buda si volviera a reencarnarse. Lo que sus discípulos están haciendo en las calles de Rangún casa mal con la doctrina del desapego —básica en el budismo— y con la convicción, no menos básica en su doctrina, de que la realidad palpable y visible, histórica, social y política, es maya, ilusión, espantajo que los sentidos agitan para confundir la conciencia. SÁNCHEZ DRAGÓ como siempre polémico