Parecía cada vez más claro que el cierre del gobierno iba a terminar o bien con el GOP cediendo a alguna de las demandas de la oposición, o con un cambio de las reglas en el senado que les permitiera (o forzara) aprobar los recortes sin votos de la oposición. El partido demócrata había colocado a sus adversarios en una posición insostenible. Sólo tenían que esperar unos días más. Algo que, por desgracia, han sido incapaces de hacer. El domingo por la tarde, un grupito de senadores moderados decidió que era hora de llegar a un acuerdo.